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La Comunidad de Rovers es la etapa donde el joven transita hacia la adultez. Es un momento de consolidación personal y de compromiso activo con la sociedad. Aquí el movimiento scout se convierte en un espacio para profundizar la vocación de servicio y el proyecto de vida.
La experiencia se centra en iniciativas personales y colectivas de impacto real, donde los jóvenes asumen responsabilidades significativas y toman decisiones con mayor autonomía. El rol del adulto es acompañar procesos, orientar y apoyar.
En esta etapa se fortalece la responsabilidad social, la coherencia entre valores y acciones, y el compromiso ciudadano. El Rover se prepara para llevar lo aprendido a su vida adulta y continuar sirviendo a la comunidad desde distintos espacios.

La Comunidad de Caminantes representa una etapa de búsqueda y definición personal. Los jóvenes comienzan a reflexionar sobre quiénes son y qué quieren aportar al mundo. Es un momento de mayor profundidad en el compromiso y en la construcción de identidad.
La experiencia se orienta a proyectos más desafiantes, servicio comunitario y experiencias que exigen planificación, constancia y trabajo en equipo más maduro. La autonomía es mayor y el acompañamiento adulto se vuelve más orientador que directivo.
En esta etapa se fortalece el pensamiento crítico, la capacidad de liderazgo consciente y el compromiso social. El joven comienza a vincular sus valores con acciones concretas en su entorno.

La Unidad de Scouts es la etapa en la que los jóvenes comienzan a buscar mayor autonomía. Es un momento de transición donde surgen nuevas preguntas, desafíos y la necesidad de asumir un rol más activo dentro del grupo.
Aquí el centro de la experiencia es la patrulla: pequeños equipos donde aprenden liderazgo compartido, toma de decisiones y trabajo colaborativo. Las actividades incluyen campamentos, proyectos y desafíos que requieren organización y compromiso.
En esta etapa se fortalece la responsabilidad personal, la iniciativa y el liderazgo. El joven deja de ser solamente guiado y comienza a guiar a otros, aprendiendo que su participación tiene impacto real en el equipo y en la comunidad.

La Manada de Lobatos es la etapa donde los niños comienzan a descubrir el mundo más allá de su entorno inmediato. Es un momento de curiosidad intensa, imaginación activa y necesidad de pertenencia. Aquí empiezan a aprender a convivir, compartir y asumir pequeñas responsabilidades acordes a su edad.
En esta etapa viven la experiencia scout a través del juego y un universo simbólico que estimula la imaginación y el sentido de grupo. Las actividades están guiadas por adultos que acompañan de cerca, generando un ambiente seguro donde explorar, experimentar y aprender haciendo.
La Manada fortalece la confianza, el compañerismo y el respeto por los demás. Es el primer paso en la construcción de valores, donde los niños comienzan a comprender que forman parte de algo más grande y que pueden aportar desde su propia capacidad.
El movimiento scout en Paraguay, nació el 5 de octubre de 1913, es decir, 5 años después de la creación a nivel mundial en Inglaterra. El acta de fundación fue redactada con admirable elevación de principios, ideas puras y respeto a las normas del fundador, Baden Powell, quien fue aclamado en ese documento como presidente Honorario de la naciente Asociación. Lo subscribieron: Don Zacarías Battilana, Don José Rodríguez Alcalá, Dr. Viriato Díaz Pérez, Dr. Enrique L Pinho, Carlos Santos, Enrique Solano López, Agustín Cassanello y otras destacadas personalidades de la época que empezaba a beneficiar a la juventud del Paraguay.
Por Decreto Ley N.º 8.144 del 20 de noviembre de 1964, se declara a la Asociación de Scouts del Paraguay, entidad rectora del escultismo en el país, y se le concede el uso exclusivo de sus insignias, reglamentos, términos “scouts” y “escultismo”, no pudiendo existir grupos scouts que no estén registrados y autorizados por la Asociación. Dispone igualmente que las autoridades nacionales, militares, comunales y educacionales deben cooperar con la A.S.P. para el buen cumplimiento de sus fines. Finalmente, por Decreto del 30 de octubre de 1982, se confirió a la A.S.P. la Condecoración: “MEDALLA DEL RECONOCIMIENTO PARAGUAYO”, por importantes servicios prestados a la Nación durante la Guerra del Chaco.
El acta de fundación contenía el ideario de la novel organización en la cual el holandés Paats tuvo una activa participación como propulsor y benefactor de la misma. Esta sociedad una vez instalada se constituyó en un centro obligado de formación de niños y jóvenes, a su vez, en su local se lanzaron otros emprendimientos de mismo valor filantrópico:
«En la ciudad de Asunción, a los cinco días del mes de octubre de 1913, reunidos los que suscriben en la calle Palma número 179, para instituir en el Paraguay la agrupación Internacional conocida con el nombre de «Boys Scouts» o «Jóvenes Exploradores» decidieron la organización de la «ASOCIACIÓN DE BOYS SCOUTS DEL PARAGUAY», teniendo presente los elevados puntos de vista, debiendo favorecerse toda tentativa de progreso y cultura especialmente aquellas que armonizan con los generales anhelos de mejorar la capacidad humana . Esta escuela tiende a inculcar al joven, sentimientos de honor, deber y altruismo, y de la idea de la fe en ellos mismos y de la confianza en sus propias fuerzas, guiándolas en el acertado y útil empleo de ellas.
Para llevar a la práctica por los fines de la misma en el citado día y se constituye un directorio encargado de la realización de los ideales perseguidos, el cual designa a los siguientes:
Presidente honorario: Tte. General Badén Powell (electo por aclamación).
Presidente: Don Atilio Peña
Directores: Don Carlos Santos
Don José Rodríguez Alcalá
Don Viriato Díaz Pérez
Don Walter Haywood
Don Adolfo Antúnez
Don Zacarías Battilana
Don Carlos Muñoz.
Don A. Aguilera»